Cuartoscuro: 11 millones de imágenes para no olvidar a México

2026-09-06 16:06:30 - MUNDO

Pedro llega temprano, casi puntual. Desde arriba de la escalera eléctrica, donde lo observo, apenas se distingue entre la multitud. Viste ropa sport, gris; ese tono de quien prefiere pasar inadvertido. Lleva el pelo cano y medio largo, lo que termina de sintetizar la monocromía de su imagen.

La última vez que estuvo en la Plaza de las Estrellas fue para estampar las huellas de sus manos en una placa que inmortaliza su nombre y su firma junto a los de otros personajes reconocidos del país. Quizá la diferencia más notoria entre las "estrellas" que tapizan los pasillos de este centro comercial es que Pedro no pertenece a la farándula. Es fotoperiodista, pero no cualquiera: él es uno de los pilares de la fotografía periodística mexicana de las últimas décadas.

Cuando nos sentamos, le digo que quiero hablar de los cuarenta años que cumplió Cuartoscuro pero también de sus cincuenta años de oficio, de la fotografía que ha hecho, de la que se ha extraviado y de la que todavía reposa en sus archivos.

Foto: Eloy Valtierra

—Pedro, llevas cincuenta años mirando México detrás de una cámara. Has fotografiado conflictos, movimientos sociales, comunidades y momentos que hoy forman parte de la memoria visual del país. Quiero empezar por Cuartoscuro. ¿Cómo nació?

—Cuartoscuro como agencia no nace en una fecha específica; yo creo que nació poco a poco, responde. 

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Desde el inicio de su carrera, Pedro tuvo relación, contacto y amistad con Los Hermanos Mayo. Aquella familia de fotógrafos había fundado su propia agencia en España y, tras llegar a México en 1939, replicó aquí su modelo de trabajo. A finales de los setenta, Valtierra, ya como fotoperiodista, viajó a Centroamérica. Estuvo en Nicaragua —donde permaneció tres meses enviado por el recién creado diario Unomásuno—, El Salvador, Guatemala y Panamá.

"Ahí conocí a muchos fotógrafos, principalmente de Francia y de Estados Unidos, en fin, a muchos colegas y reporteros. Y bueno, pues iba viendo cómo estaba la situación del gremio, del periodismo en general", recuerda.

Aquellos viajes le germinaron una idea en la cabeza. Tras regresar a México y realizar nuevas coberturas en la región, el diagnóstico fue claro: hacía falta una estructura propia.

"Me daba cuenta de que había necesidad de tener una agencia".

Pedro menciona entonces a Luis Humberto González, un fotógrafo formado con los Mayo que además escribía. Ambos compartían esa doble mirada, aunque Pedro reconoce que combinar las dos disciplinas le resultaba complejo. Luis Humberto le había contagiado una convicción aprendida de los Mayo que a la postre sería medular: el valor insustituible del archivo.

Foto: Pedro Valtierra

En marzo de 1984, el día que Pedro dejó Unomásuno, él y Luis Humberto se reunieron y "de palabra" fundaron la agencia. Sin oficinas, instalaciones ni membrete, la primera sede fue la casa de Pedro, en la calle Vitalicio Robles número 76, donde también acondicionaron el laboratorio. Poco después se sumaron Jesús Carlos —un documentalista brasileño de tiempos más pausados— y Marco Antonio Cruz, quien entonces fotografiaba para la prensa del Partido Comunista. Así nació, formalmente, Imagen Latina.

El proyecto, sin embargo, se interrumpió cuando el grupo se integró a La Jornada. En 1986, tras salir del periódico por diferencias políticas, decidieron retomar la ruta independiente. Esta vez las reglas cambiarían. Habían transitado por Unomásuno, por La Jornada y por una primera experiencia colectiva que Pedro evoca con ironía: una cooperativa.

"Complicadas las cooperativas, y más entre fotógrafos," dice.

No estaba dispuesto a tropezar con la misma piedra. Los golpes, asume, también educan.

"Yo venía de varias experiencias. No digo que negativas, sino de aprendizaje. En la vida aprendes y los golpes te ayudan mucho".

Entre mayo y julio de 1986, finalmente, nació Cuartoscuro.

Cuarenta años después, conversamos sobre qué hizo posible que aquella agencia llegara hasta aquí. Pedro habla de haber aprendido desde abajo, "como bolero en el laboratorio" de la oficina de comunicación presidencial, de cubrir la fuente policiaca, de hacerse periodista a pulso. Enumera las razones esenciales: las ganas, el conocimiento del oficio, el trabajo, la persistencia, las exclusivas y el arte de adelantarse en la jugada periodística.

Foto: Mayte Noriega

Una parte fundamental en la que hace énfasis es la importancia de hacer preservar el archivo.

En Cuartoscuro, afirma, hay alrededor de 1.3 millones de fotografías en línea y unas 11 millones digitalizadas.

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Once millones de fotografías son demasiadas. Para dimensionarlas hay que pensar en los cuarenta años que caben dentro de ellas: el terremoto que derrumbó una ciudad y cambió la forma de entender la solidaridad; las elecciones de 1988 y la crisis política que las acompañó; las movilizaciones estudiantiles; el levantamiento zapatista de 1994; Acteal; la huelga de la UNAM; la alternancia presidencial del 2000; las protestas de 2006; la violencia que comenzó a ocupar buena parte de la agenda nacional; el movimiento #YoSoy132; Ayotzinapa y los 43; los sismos de 2017; las caravanas migrantes; la pandemia; las elecciones presidenciales, las grandes concentraciones políticas y los cambios de gobierno.

Pero también están las fotografías de la vida cotidiana: las calles, los mercados, los barrios, las fiestas, los conciertos, los estadios, los campesinos, los trabajadores, las ceremonias religiosas, los niños y los viejos de un país que mientras tanto siguen ocurriendo. 

Eso es lo que puede contener un archivo fotográfico: no solamente aquello que un país decidió recordar, sino también aquello que alguien estuvo ahí para mirar.

Foto: Tomás Martínez

Al cuestionarlo sobre si es posible vivir de la fotografía después de 50 años, Pedro Valtierra habla del periodismo en general, de cómo —si uno revisa la historia desde El Imparcial en tiempos de Porfirio Díaz— los periódicos han pagado mal todo el tiempo. Antes se vivía mejor, asume, pero los salarios siempre han obligado a combinar varios frentes para poder sostenerse.

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Cuartoscuro, dice, ha aprendido a administrar. No es una agencia rica. Pedro conoce esa precariedad desde los dos lados: ha sido reportero gráfico y, durante cuarenta años, ha dirigido una empresa que comercializa el trabajo de otros.

—¿Qué le debe una agencia a un fotógrafo y qué le debe el fotógrafo a una agencia?

—El fotógrafo merece reconocimiento —responde—. Conozco colegas que terminan su carrera y descubren que no tienen control sobre su propio archivo porque los derechos quedaron en manos corporativas. No pueden exhibir su obra ni publicar un libro. No solamente que lo conozcan, sino que tenga la posibilidad de ganar y de hacer otras cosas.

En cuanto a la contraparte, la respuesta del fotógrafo se relaciona directamente con el rigor: talento, iniciativa, propuestas, compromiso. Una agencia, añade, también funciona como una escuela donde se aprende mirando a los veteranos, pero en cincuenta años cambió prácticamente todo alrededor de ese trabajo. También la herramienta.

—¿La tecnología nos hizo mejores fotógrafos?

—La tecnología no nos ha hecho más fotógrafos —sentencia Pedro.

Sin embargo reconoce sus ventajas operativas: hoy se puede transmitir una imagen casi de inmediato, acortar distancias y ahorrar tiempo, peroesa facilidad también alteró el método. Antes, recuerda Valtierra, podía regresar de una cobertura con cincuenta o setenta fotogramas; hoy es fácil acumular dos mil en un solo evento. 

Foto: Eloy Valtierra

La diferencia no radica solo en el volumen, sino en la urgencia de decidir qué mirar y cuándo dejar de disparar. La cámara puede ser sofisticada, las tarjetas almacenar miles de archivos y el teléfono transmitir desde cualquier rincón, pero para él nada de eso sustituye lo elemental: estar ahí, mirar y resolver la historia.

"Nunca habíamos tenido tantas imágenes circulando y, al mismo tiempo, nunca había parecido tan difícil sostener económicamente el trabajo de quien las produce". 

Los grandes diarios, que antes presumían plantas de cuarenta o sesenta fotógrafos —como El Universal o Reforma—, hoy operan con equipos mínimos, mientras las televisoras se abastecen del material amateur que la gente sube a las redes sociales.

"Nosotros vivimos de comercializar el servicio fotográfico". Su semblante cambia y su voz deja de sonar solo como la de un director de agencia para hablar desde la trinchera del reportero: le preocupa que la fotografía periodística profesional se extinga. Las imágenes ya no se imprimen como antes, los diarios languidecen y miles de registros quedan sepultados en la memoria efímera de los teléfonos móviles. Aunque reconoce talento en las nuevas generaciones, duda de que en el futuro sea viable vivir de la fotografía como profesión, o al menos como él lo hizo.

"Me da mucho miedo eso. Miedo y tristeza".

Hay algo, sin embargo, que se resiste a mutar: la discusión ética sobre el acto de mirar. Al preguntarle si lamenta alguna decisión, cobertura o fotografía de su medio siglo de trayectoria asegura que no.

"Todo lo que hice lo hice convencido, lo volvería a hacer. No me arrepiento de nada de lo que haya hecho".

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Valtierra evoca los códigos de los diarios en los que se formó, regidos por un rigor estricto y un profundo respeto por el lector y por los sujetos retratados. En Unomásuno, dice, volcó esa preocupación por la realidad social y política, un enfoque que a veces le valió críticas injustas. Recuerda cuando alguien, al observar su portafolio, lo increpó bajo el argumento de que "vivía de la pobreza".

"Bueno, eso fue un poco arriesgado. Yo fui un profesional cubriendo el país que me tocaba atestiguar".

 Aquel muchacho que había dejado Fresnillo décadas atrás para abrirse paso en la capital iba al béisbol, al box, a los toros, a misa, a los grandes cónclaves políticos y a los márgenes olvidados. La pobreza no era un tema de explotación comercial. Era y es una condición lacerante de la nación.

"Yo cubrí todos los eventos políticos y sociales importantes, y lo hice siempre con mucho respeto a los lectores y a las personas que fotografiaba. Nunca fui agresivo", asegura.

Por eso defiende la vigencia ineludible de esa mirada social y cuestiona el uso político que a veces se le da al debate sobre los derechos de las audiencias frente al periodismo crítico.

"Al contrario, pienso que tenemos que volver a hacer estos temas sociales, que no han desaparecido. El periodismo crítico es necesario; crítico con ética y con respeto. El periodismo no puede estar para celebrar al poder, sea quien sea. A mí me duele mucho la pobreza. El abandono y el olvido del país".

Menciona la marginación persistente en educación y salud, así como la retórica acumulada en los despachos presidenciales.

"He escuchado discursos de todos los presidentes desde Echeverría para acá. Bonitos discursos, pero el país sigue peor. Bonitas intenciones, pero el país sigue peor".

Foto: Julio Candelaria

Pedro no dice que el entorno permanezca idéntico; admite cambios drásticos, pero ninguna que resuelva las deudas históricas del país. Lo afirma desde la perspectiva de quien lo ha recorrido palmo a palmo.

"Yo sí me siento privilegiado. Yo soy fotógrafo porque existieron directores y periódicos que me apoyaron. Yo aproveché, sí".

Esa facilidad institucional para "estar ahí" se desvanece en el ecosistema contemporáneo, saturado de dispositivos y desprovisto de garantías de pago. Por eso, al hablar de los jóvenes que inician su camino, no se aventura a vender falsas promesas.

Finalmente le pregunto qué se necesita para que la agencia alcance otras cuatro décadas de vida pero su pronóstico carece de optimismo en un entorno hostil para la prensa, pero la trinchera sigue en pie.

"Cuartoscuro continúa. Hasta donde el cuerpo aguante".

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